Vivimos en un mundo acelerado, hiperconectado, donde el tiempo parece escapar entre las manos. En medio de todo eso, descubrí que pintar no solo es una forma de crear, sino también una manera de detener el mundo y escucharme.

Hoy quiero contarte cómo se entrelazan en mi vida dos prácticas que parecen distintas, pero que en realidad comparten una misma esencia: el arte abstracto y la meditación. Ambas me invitan a hacer lo mismo: estar presente.

Pintar sin pensar (demasiado)

Cuando empiezo una obra abstracta, no siempre tengo un plan. Me dejo llevar por el color, la textura, los movimientos. No busco representar algo concreto, sino escuchar lo que surge sin juzgarlo.

En ese proceso, mi mente se silencia. No hay listas de pendientes, ni preocupaciones, ni diálogo interno. Solo estoy ahí, con el lienzo, con el gesto. Totalmente presente.

Esa es, para mí, una forma de meditación activa.

Crear desde el cuerpo, no desde el control para combinar arte abstracto y meditación

A diferencia de otros tipos de arte más figurativos o técnicos, el arte abstracto me permite soltar el control. Dejar de buscar resultados. Confiar en la intuición, en el cuerpo, en lo que aparece.

Es similar a lo que sucede en la meditación: al principio, intentas controlar la respiración o los pensamientos. Luego aprendes a observar sin forzar. En el arte abstracto ocurre algo parecido: cuanto menos fuerzo, más auténtica es la obra.

El tiempo desaparece

Una de las cosas más hermosas que me da el arte es esa sensación de entrar en estado de flujo. Pierdo la noción del tiempo. Puedo pasar horas pintando y sentir que han sido minutos.

Eso solo ocurre cuando estás realmente en el presente. Ni en el pasado, ni en lo que viene después. Solo ahí, en el acto de crear.

Cada obra es una meditación visual

Muchas de mis obras nacen así: como momentos de conexión, de escucha, de silencio. Y a veces, quienes las ven me dicen cosas como:

  • “Me transmite paz.”
  • “Siento que puedo mirarla durante horas.”
  • “No sé qué significa, pero me calma.”

Creo que eso no es casualidad. Si una obra fue creada desde un estado de presencia, esa energía se queda en ella. El arte también puede meditar por nosotros.

Pintar como ritual

Con los años, he creado pequeñas rutinas antes de pintar. No siempre las sigo, pero me ayudan a entrar en ese estado meditativo:

  • Poner música suave o trabajar en silencio.
  • Encender una vela o abrir la ventana para dejar entrar la luz natural.
  • Respirar profundo antes de tocar el lienzo.

No es solo “preparar el espacio”. Es preparar el alma para estar presente.

Conclusión: crear también es respirar

Pintar arte abstracto no es solo un acto artístico. Es, muchas veces, una forma de sanar, soltar, escuchar y simplemente estar.

No necesitas ser experto ni tener técnica perfecta. Basta con darte permiso para crear desde dentro, sin exigencias. Y cuando lo haces, el arte se convierte en algo más: una práctica de meditación, una herramienta de conexión con el ahora.

¿Alguna vez has sentido que crear te calma?
¿O has usado el arte como forma de meditar sin saberlo? Me encantará leerte. Puedes hablar conmigo de tu experiencia, haciendo click aquí o también puedes contactarme por Instagram.