Cuando la gente piensa en el arte abstracto, muchas veces lo asocia a lo emocional, lo intuitivo o lo conceptual. Y sí, hay mucho de eso. Pero hay algo más que a veces se olvida: el cuerpo también crea, es partícipe del proceso creativo. En mi caso, mis manos no solo sostienen los pinceles; son una parte viva del proceso.

Hoy quiero hablar de esa relación física con el arte. Porque para mí, pintar no es solo pensar o sentir: es moverse, tocar, presionar, soltar, ensuciarse. Es una conversación silenciosa entre mi cuerpo y el lienzo.

Pintar más allá del pincel, las manos en el proceso creativo

No siempre uso herramientas tradicionales. Muchas veces dejo el pincel a un lado y me entrego a la pintura directa con las manos. Hay algo muy primitivo, muy auténtico en esa forma de trabajar. El contacto directo con la materia genera una energía distinta. Más libre. Más visceral.

Mis dedos exploran la textura. Las palmas arrastran el color. Las uñas, incluso, a veces dejan marcas que forman parte de la obra. No es algo premeditado: sucede.

El cuerpo también comunica

Mi proceso creativo en el arte abstracto no ocurre solo en la cabeza ni en el corazón. Mis brazos, mis hombros, mi respiración… todo participa.

  • Cuando necesito fuerza, pinto de pie, con movimientos amplios, casi como si bailara frente al lienzo.
  • Cuando busco delicadeza, me acerco, me agacho, respiro más lento.
  • Hay momentos en que incluso cierro los ojos y dejo que la intuición dirija mis gestos.

Cada obra es también un registro físico de mi cuerpo en movimiento.

Pintar es una experiencia sensorial

La pintura tiene olor. Tiene temperatura. Tiene peso. Y yo necesito sentir todo eso para que la obra sea honesta. A veces acabo con las manos manchadas, la ropa salpicada, el estudio convertido en un pequeño caos… pero ese desorden externo refleja un orden interno que solo se alcanza creando.

Hay una frase que me acompaña mucho: “el cuerpo sabe lo que la mente aún no puede decir”. Y creo que eso también ocurre en el arte.

Cuando el cuerpo guía la creación

En ocasiones, empiezo a pintar sin tener una imagen en mente. Solo dejo que mi cuerpo actúe. Me muevo por impulso. Me detengo cuando siento que debo. Es una especie de diálogo silencioso entre lo que siento y lo que mis manos ejecutan.

Y muchas veces, solo cuando termino y me alejo unos pasos, entiendo lo que estaba expresando.

Conclusión: el cuerpo también pinta

En mi proceso creativo en el arte abstracto, mis manos no solo ejecutan una técnica: son una extensión de lo que soy. Son mi herramienta más sincera. A través de ellas, conecto con la materia, con el espacio, conmigo misma.

Pintar no es solo imaginar. Es estar presente. Es moverse. Es sentir con todo el cuerpo.

¿Te ha pasado alguna vez?
¿Has sentido que tus manos sabían antes que tú lo que querían expresar? Me encantará leerte. Puedes contactarme por aquí o por mi red social Instagram.